Angel F. Félix - Cuentos de Carlitos

 
 

Es un placer para mi presentaros algunos de los cuentos de este autor, muy prolífico en diversas materias y sobre todo con un buen corazón de poeta, con el que sabe hacer magia con las palabras.

Espero os gusten estos cuentos infantiles suyos, los he elegido por tener una inocencia y candidez extraordinarias.

Carlitos compite
Angel F. Félix
Esta mañana los papás de Carlitos han quedado sorprendidos. Ha ocurrido lo inaudito, unos chillidos desafinados e hirientes resuenan por toda la casa mientras Carlitos se ducha. Nunca, antes, le habían oído cantar, y aunque se nota a la legua que no va para Pavarotti, no deja de satisfacerles la alegría que su hijo manifiesta con el canto.

En contra de otros días, hoy Carlitos se muestra risueño y satisfecho mientras su padre le acompaña a la escuela.

Al iniciar la clase, Doña Remedios, la maestra, comienza a hablarles del deporte como tema de la lección. Se refiere a la trascendencia tanto espiritual como física que tiene esta disciplina, al punto de que existe una máxima que acredita: ‘mens sana in corpore sano’. Arguye, que ya los griegos tenían a Hermes como el dios de la gimnasia. Sigue explicando, que el deporte, además de fortalecer el cuerpo y la habilidad para determinados cometidos esportivos, como el fútbol, el tenis, la esgrima, etc., tiene además la virtud de que auspicia la competición entre sus participantes, faceta muy importante en el devenir de la sociedad, porque aviva la voluntad para la superación. Sostiene, que aunque se pregona que el participar ya es en sí un premio, el acicate que mueve a los contendientes es el de ser el primero, el vencedor.
En este punto de la explicación, doña Remedios se percata que en los últimos bancos Carlitos y su compañero Fulgencio están cuchicheándose al oído, sin prestar atención a lo que ella explica.
Con voz crispada, dirigiéndose a Fulgencio, dice:
-Qué es eso tan importante que tenéis que comunicaros, que no puede esperar al recreo.

Fulgencio, creyendo justificar su cuchicheo, contesta.
-Es que Carlitos, cuando usted hablaba de la competición, me ha contado que ayer al salir de la escuela participo en una carrera pedestre y que llegó el segundo.
-Hombre, Carlitos, que callado te lo llevabas. De forma que también compites. Bueno, aunque debiera reñirte por hablar en clase, no puedo por mens de felicitarte por tu hazaña, porque llegar el segundo en una carrera ya es un éxito.
Carlitos, eufórico y más orgulloso que el gallo cantador de la mañana, se levanta del asiento y dice:
-Muchas gracias, doña Remedios.
-De nada, Carlitos, estoy orgullosa de ti, y debo reconocer que con este éxito excedes a las aspiraciones que me había forjado de tu rebelde comportamiento. ¿Y erais muchos, los que competíais?
Dubitativo y un tanto cohibido, Carlitos contesta
-Dos.

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Carlitos y la mujer invisible
Angel F. Félix

Carlitos se arrebuja en la cama, con el pensamiento puesto en que hoy es lunes y tiene que volver al colegio. Una sensación de desespero solivianta su espíritu. Está harto de aguantar a doña Remedios. Cada día se muestra más severa con él, infringiéndole vejatorios castigos. Como tenerlo con los brazos extendidos delante de toda la clase durante largo tiempo, y en muchas ocasiones de rodillas, con el daño que al le produce esta posición al cabo de breves minutos. Pero lo que más le duele es que constantemente le increpa por cualquier causa, avergonzándole delante de sus compañeros.

Al fin llegó la hora de levantarse, y no tuvo más remedio que hacerlo pues su padre ya empezaba a impacientarse.

La tarde del sábado pasado se entretuvo viendo un video que trajo su padre. Se titulaba “El hombre invisible” Mientras se distraía con las escenas de aquel ser irreal del cual solo se apreciaba el traje, se le ocurrió de golpe una idea para fastidiar a la maestra.

Ya en el colegio, en el primer recreo Carlitos fue de grupo en grupo expandiendo la noticia de que doñas Remedios era una mujer invisible.

Le falto tiempo a Juanito, aquél zagal escuchimizado con el que Carlitos había tenido una pelea, para ir a contarle a doña Remedios la especie que Carlitos iba expandiendo por el colegio de que era la mujer invisible.

La maestra se quedó plenamente sorprendida de que el revoltoso Carlitos le atribuyese ese don o facultad. Por eso, al iniciar la clase, doña Remedios llamó a Carlitos a su presencia y delante de los demás alumnos ya aposentados en su respectivo asiento, le preguntó:

-Oye Carlitos, me he enterado que vas propalando por ahí algo sobre mí. –Y levantando la voz y con tono agrio, le increpó:- ¿Porqué dices que soy la mujer invisible?

Carlitos, con los ojos saltones por el odio que emanaba de su alma, con voz crispada le respondió:

-¡¡Por qué nadie la puede ver!!

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Carlitos y el diez
Angel F. Félix
  Esta mañana, Carlitos, se ha levantado de un humor de perros. Como cada día discute con su madre porque no quiere ir a la escuela Su padre, que está desayunando, llega un momento en que no puede aguantar más y se pone a despotricar como un energúmeno, y suelta una expresión fuerte que Carlitos no le había escuchado nunca, mientras le amenaza que si no va a la escuela voluntariamente lo acompañará él tirándole de una oreja.
Carltos, lloroso y compungido va a la escuela y se acuclilla en su banco sumiéndose en la triste intromisión de sus pensamientos desolados.
Hoy la lección que toca desarrollar es sobre los números. Doña Remedios se esmera en hacerles comprender con sus explicaciones la trascendencia e influencia que tienen los números desde el principio de la creación. Sigue explicando que los números forman grupos con denominación propia, las unidades, decenas. Al llegar a este punto, percatándose del ensimismamiento en que está sumido Carlitos, que no atiende, le dice.
-Carlitos, vamos a ver, tu que eres tan sabio que no precisas atender, dime los años que tienes.
Carlitos, sobresaltado al verse increpado de ese modo, contesta sin vacilar:
-Nueve.
-Muy bien , Carlitos, me sorprende que seas tan espabilado . Veamos si en la segunda pregunta demuestras ser tan avispado.¿A que grupo pertenece el nueve?
Ya puesto en la materia, y con ánimo de demostrar a doña Remedios que no es ningún tonto, responde seguro:
-A las unidades.
-Bravo, Carlitos, ahora demuestra que sabes contar del cero hasta la veintena.
Carlitos inicia a contar sin confundirse del cero al nueve, y salta sin transición al once, hasta llegar al vente.
Doña Remedios, perpleja y extrañada de esa omisión, le pregunto.
-Carlitos, ¿porqué has omitido el diez?
-Porqué esta sucio –contestó sin vacilación.
-Acaso pretendes, como siempre, burlarte de mi, ¿qué quieres decir con esa memez de que está sucio?
Carlitos acordándose del exabrupto que esta mañana ha soltado su padre. ha contestado, seguro y desafiante:
-Porque esta mañana mi papi se ha cagado en el diez.